11.22.08
De brujas y demás
Pequeña bruja.
Se despierta a la mañana y se siente diferente
Un paso por la calle, por la vida, y siente escalofríos.
Nadie la mira
-Una brujita puede hacerse invisible-
recuerda que le dijo hace tiempo la anciana que sabe.
-Pero ten cuidado con tus poderes, puedes perder el control sobre ellos-
Ya los había perdido. Se había vuelto invisible y no sabía cómo dejar de serlo.
Muchas veces le había pasado. Había deseado algo en un momento de rabia y
zas
ahí estaba frente a su cara aquello de lo que no quería saber nada (o sí).
Pasaban los días y se mimetizaba con su ciudad, con la gente
por momentos sentía que era una más…pobre pequeña bruja.
Cuando pensaba que el hechizo había terminado, una situación,
un alguien (ese alguien) le hacía saber que no, que ella no estaba allí,
que lo que todos percibían de ella era un vago reflejo que no contenía su
esencia.
Se sentía incomprendida, sola.
Lo que había pasado era que su esencia se había clavado a la tierra,
pero lo había hecho en otra dimensión, no en esta,
una que nadie podía ver (sólo algunos otros que también habían caído bajo el
hechizo).
Y así andaba la brujita, viviendo a destiempo de los demás,
anhelando constantemente que alguien vea lo que ella en verdad era,
anhelando salir de esa invisibilidad a medias que le destruía la cordura.
Lo que la brujita no se daba cuenta es de que la respuesta
vivía dentro suyo.
No se acordaba lo que la anciana le había dicho – Puedes hacer con ello,
lo que quieras-
Creía la brujita que su fuerza no era de este mundo,
pero sí lo era.
Solo hacía falta saber usarla.
Y el tiempo pasa… y la brujita sigue andando sin querer mirarse al espejo
y ver
que esa invisibilidad es una ilusión, suya, que ella en verdad está ahí, y que esa
es su belleza, y es hermosa.
No quiere saber que ese hechizo que la anciana que sabe le otorgó
no es un hechizo, es una bendición.
Que sólo funciona cuando las pequeñas brujitas que por la vida andan
pueden salir del cascarón y darse cuenta de que no hay dos mundos para vivir
Que el mundo es este y que la gente es una, y que no hace falta mucho para
poder vivir en él.
Para algo la brujita es brujita….ya se dará cuenta…tengamos confianza.
10.09.08
Y vivieron felices para siempre
Es un poco compartido ese cierto gusto amargo que dejan los finales felices; siempre entre la audiencia va a haber al menos una persona que despotrique contra la falta de realidad, el engaño, la falsa esperanza. Y ni que hablar cuando lo que estamos viendo es una película para chicos, donde el “vivieron felices para siempre” está elevado a su máxima potencia y el mundo es un lugar tan pero tan amable, bondadoso y puro que a veces hasta… a veces hasta queremos estar en él.
Estoy hilbanando la teoría un poco a priori de que cuánto más odiamos los finales felices, más es el verdadero anhelo que tenemos de ellos.
“Pf, estos son cosas para chicos” sale a declarar el adulto, que en posesión de todo su sano juicio, SABE que eso no es verdad, sabe que el mundo no es así, sabe que los prejuicios son tan fuertes que la chica linda nunca se enamoraría de la bestia o el rey jamás miraría a una sirvienta; el personaje malvado casi nunca termina perdiendo y un beso del príncipe azul no soluciona todos los problemas. El amor no dura para siempre, y ni siquiera quiere hacerlo. Lo sabe. Pero ¿y si quisiera no saberlo?
Cada vez que un final es feliz yo salgo al frente con el discurso adulto de “esto no es así”, algo de lo que estoy viendo no me cierra… y sin embargo no puedo evitar que el efecto “vivieron felices para siempre” me dure al menos un par de horas y el mundo me parezca fantástico, creo que todo puede pasar, que todo es posible…creo que el mundo ideal existe y hasta que es posible recorrerlo en una alfombra mágica…
¿Cuál es el precio que hay que pagar por aferrarse aunque sea a una puntita de una historia feliz y desearla, desearla con todas las fuerzas? ¿Es incredulidad?¿O es esperanza?¿Hay que promover el soñar o desestimarlo? Y por favor no me den la respuesta fácil de “por supuesto que hay que incentivar el soñar”, no, quiero buenos argumentos.
¿Es posible creer en cuentos de hadas?
08.02.08
Reencuentro
Algo que escribí hace mucho, y que por algo encontré hoy:
“Le gustaban las ideas. Vivía en un mundo formado por ellas. Las puertas, los muros, los animales, los sonidos, las calles, todo eran ideas; ideas ligeras, que no poseían un peso concreto y que para el resto del mundo se esfumaban al abrir y cerrar los ojos. Pero no para ella, para ella eran todo, no conocía otro mundo que no fuera ese. Se levantaba y las veía con los primeros rayos del sol, se bañaba con ellas, tomaba el desayuno, la acompañaban al caminar, al leer (sobre todo al leer) e incluso lograban meterse por sus oídos hasta llegar a sus sueños. No sabía lo que era vivir sin ellas y por eso las amaba. Y las odiaba en la misma medida.”

