10.29.08
Ritmos ¿lejanos?
Suenan los tambores…la piel comienza a estremecerse. Con cada golpe tu cuerpo late. Laten tus piernas que no pueden escapar al ritmo y se mueven. Laten tus brazos, se unen al sonido y se elevan. Laten tus entrañas, late tu ser más íntimo. Cuando suenan los tambores, late hasta tu alma.
En la religión Yoruba, allá por las tierras africanas, quienes representan el poder del baile salvaje son los Orixás. Como divinidades son depositarios de los ideales de la gente de los pueblos, como figuras simbolizan la energía, la fuerza, la liberación.
Tuve la oportunidad de trabajar (bailando…siempre bailando) con lo que en nuestra cultura occidental llamamos los arquetipos; aquellos restos de cultura primitiva que quedaron dando vueltas, inscriptos quién sabe bien dónde y por qué, dentro de algunos cuerpos perdidos de este nuevo milenio. Yo sabía que alguna razón tenía que haber para que mi cuerpo se revolucionara tanto cuando escuchaba un golpe de tambor. El otro día tuve la oportunidad de experimentar todas estas sensaciones juntas…y más.
Lo primero que aprendí es que todos cargamos con la energía de cada dios . Hoy voy a hablar de dos en particular, un masculino y un femenino, pares que se buscan, se encuentran, sacan chispas, se separan, se vuelven a encontrar …
Iansá
Simboliza la fuerza de los vientos, de las tempestades. Sensual y seductora como pocas, no utiliza el engaño sino la sinceridad. Se muestra tal cual es, con toda la fuerza que ello implica; se muestra y quien puede mirarla a los ojos que se quede, quien no…mejor que de media vuelta. Representa la escencia de lo femenino, el cuerpo de la mujer madre, amante. Es una guerrera, es LA guerrera, su fuerza permite el cambio, renueva lo que fue devastado, abre caminos donde parece no haber escapatoria.
Xangó
El rey. Posee el poder el trueno y el rayo. Es el inciador, el potente. Todo gira alrededor de él. Cuando ingresa al pueblo, no pasa desapercibido. Es el dueño de los tambores, del ritmo primordial. Es la fuerza masculina por excelencia, aquel que seduce a todas las mujeres. En sus manos lleva el fuego, cuando toca quema, su sola presencia enciende.
Todos reconocemos partes nuestras en cada tipo. La conjunción de ambos es explosiva, y eso somos todos, seres explosivos, llenos de energías diversas, que nos encontramos con otros; y en ese encuentro generamos pasión.
Hoy utilizo la representación de los pueblos de Africa, el nombre que ellos le dan a lo que todos experimentamos diariamente. Estas fuerzas pueden adquirir el nombre que uno quiera según la visión del mundo que cada uno tenga ganas de adoptar. Lo importante es reconocer el valor de la energía propia, del cuerpo salvaje, natural, que disfruta dejándose llevar por infinidad de ritmos diversos. Bailar hasta extasiarse, disfrutar hasta lo impensable…
10.15.08
Reparo
Aquello que está herido puede repararse.
Lo quebrado puede componerse.
Lo que fue abandonado, castigado e ignorado puede levantarse.
La incapacidad puede capacitarse.
El dolor puede ser descubrimiento.
La cura, bálsamo, elixir, respuesta, receta: la creatividad
10.09.08
Y vivieron felices para siempre
Es un poco compartido ese cierto gusto amargo que dejan los finales felices; siempre entre la audiencia va a haber al menos una persona que despotrique contra la falta de realidad, el engaño, la falsa esperanza. Y ni que hablar cuando lo que estamos viendo es una película para chicos, donde el “vivieron felices para siempre” está elevado a su máxima potencia y el mundo es un lugar tan pero tan amable, bondadoso y puro que a veces hasta… a veces hasta queremos estar en él.
Estoy hilbanando la teoría un poco a priori de que cuánto más odiamos los finales felices, más es el verdadero anhelo que tenemos de ellos.
“Pf, estos son cosas para chicos” sale a declarar el adulto, que en posesión de todo su sano juicio, SABE que eso no es verdad, sabe que el mundo no es así, sabe que los prejuicios son tan fuertes que la chica linda nunca se enamoraría de la bestia o el rey jamás miraría a una sirvienta; el personaje malvado casi nunca termina perdiendo y un beso del príncipe azul no soluciona todos los problemas. El amor no dura para siempre, y ni siquiera quiere hacerlo. Lo sabe. Pero ¿y si quisiera no saberlo?
Cada vez que un final es feliz yo salgo al frente con el discurso adulto de “esto no es así”, algo de lo que estoy viendo no me cierra… y sin embargo no puedo evitar que el efecto “vivieron felices para siempre” me dure al menos un par de horas y el mundo me parezca fantástico, creo que todo puede pasar, que todo es posible…creo que el mundo ideal existe y hasta que es posible recorrerlo en una alfombra mágica…
¿Cuál es el precio que hay que pagar por aferrarse aunque sea a una puntita de una historia feliz y desearla, desearla con todas las fuerzas? ¿Es incredulidad?¿O es esperanza?¿Hay que promover el soñar o desestimarlo? Y por favor no me den la respuesta fácil de “por supuesto que hay que incentivar el soñar”, no, quiero buenos argumentos.
¿Es posible creer en cuentos de hadas?
10.03.08
Elegibilidad
En un estado de embriaguez intelectual y ansiedad cuasi patológica me encuentro en este preciso momento. La situación posee causas múltiples. La principal: Me pregunto hace ya un tiempo considerable cual será mi destino ante el ineludible fin de mi carrera universitaria. En un desenfreno internetístico (neologismo propio del momento de locura) encontré varios programas que me interesan. Uno en particular. En resumidas cuentas se trata de un programa de 3 años en el cual te dedicas a estudiar con los mejores filósofos y teóricos de la época actual, incentivan tu creación y pensamiento (cuanto más insurgentes estos sean mejor). La pregunta que desestabilizó mi poca estabilidad lograda fue: ¿ me considero elegible para este programa dirigido a “alumnos ejemplares”? Por supuesto que la respuesta que salió casi a gritos fue: Noooooo. Y entonces ¿Por qué? ¿Qué hay que tener? ¿Qué me falta? ¿ Me falta algo?. No logro comprender el mundo. No logro comprender que hay que tener para estar en él, para participar*.
*notar el claro salto de la categoría de lo profesional a la categoría de la existencia.
09.21.08
Aquí y allá
Perdón por mi demora.
Es que me fui.
Se soltó el fino hilo que generalmente me ata a la realidad y me fui.
Anduve vagando por los cielos, pero estaban nublados; como no veía nada terminé metiéndome adentro mío…era el único lugar conocido a la redonda, sabía que allí no me iba a perder.
Sorpresa.
No reconocía nada, las cosas habían cambiado su lugar; lo que debía estar allí ya no estaba, lo que debía estar acá no aparecía. Algunos intrusos ocupaban los puestos de viejos conocidos. Parecían amigables pero los miré con recelo. Unos pocos mencionaron sus nombres: Motivación, Deseo, Voluntad, Energía.
-”Estamos aquí para ayudarte, tú nos has convocado”- sonaron al unísono
Contrariada y asombrada yo buscaba a mis antiguos compañeros.
Veía a la desconfianza instalada en su rincón usual. Aquel viejo conservador, la dependencia, descansaba en su sofá; por momentos parecía notarse la incomodidad que le generaban los nuevos inquilinos (¿es que habría alguno que quisiera robarle su cómodo sofá?). Dando vueltas en derredor, despistados y sin advertir la situación, circulaban la ingenuidad y la mansedumbre; nunca nadie les había otorgado demasiado crédito allí y ya se habían acostumbrado (algún día planearían su venganza).
Seguí mirando a un lado y al otro. Lo vi. Sentado en el trono que se alzaba a lo alto, atento a todo lo que pasaba, controlando, ordenando, disponiendo…allí se encontraba el Miedo. Pude notar su seguridad al primer momento en que nuestras miradas se cruzaron; su firmeza se contraponía a mi perplejidad ante la revuelta que estaba teniendo lugar en aquel espacio que siempre suele mantenerse tan idéntico. Aquel que era mi espacio. El Miedo quería tranquilizarme, hace mucho que nos conocíamos y siempre había ejercido su oficio con precisión (pocas veces su trono había sufrido amenazas). Sabía yo que era quien comandaba el sitio y sin discutir lo había reconocido como líder. Súbitamente y al acercarme un poco más, noté algo extraño. Eran manchas de sangre en su costado. Al reconocer mi anoticiamiento su cara se transformó develando dolor y enojo. Su mirada fría apuntaba en una dirección. Me di vuelta y noté que uno de los “nuevos” (era la jerga que ya se había instalado), había dado un paso adelante separándose del resto. En su mano cargaba un arco; se mostraba agitado ante lo que aparentaba haber sido un reciente disparo de una de sus flechas. No lo reconocí al principio. Me acerqué lentamente; de vez en cuando mi mirada se volvía hacia atrás, hacia el trono, donde veía al Miedo agarrarse su costado pero siguiendo con atención cada uno de mis pasos. Comencé a sentirme rara (ansiosa), molesta. Estaba ya muy cerca y podía ver que quien sostenía el arco en su mano era nada menos que el Deseo. Nuestro cruce de miradas duró una nada…literalmente. No obstante fue suficiente para saber que aquel extraño estaba allí para quedarse.
La realidad comenzó a llamarme nuevamente. Ya habían pasado unos días, bastantes…suficientes. Fue el perro quien se ofreció a buscarme y traerme de vuelta. Fue mi perro quien encontró el hilo que se había soltado y tiró fuerte hacia abajo. Lo hizo a su manera. Con movimientos acelerados de cola, toscos saltos y su característico cariño bruto me invitó a correrlo, a perseguirlo, a acariciarlo. Me hizo caer al piso, dar vueltas por el pasto, sentir el frío en mis pies descalzos, la tierra metiéndose entre mis uñas.
He vuelto. El barro todavía pegado a mi piel, el pasto desemprolijando mi pelo (mi sombra parece tener cuatro patas) siento que volví. Todo parece igual. Vacilo. De alguna extraña manera puedo percibir aquello que sucedió en aquel otro lugar, cuando el hilo se cortó.
En algún lado lo siento…aquel arquero intruso me guiña un ojo.
09.03.08
¿Hasta cuándo?
No es un tema sencillo comenzar a hacerse cargo de la propia vida. Empezas saliendo del colegio y preguntándote: ¿y ahora qué hago?. Medio a las tambaleadas te pones a estudiar algo, o a trabajar, o a viajar, cada uno elije su propia aventura.
Y el tiempo pasa, y cuándo menos te diste cuenta esa vida que parecías cargar como de prestado queda sólo a tu disposición, podes hacer con ella lo que quieras. Te das cuenta de esto después de ver las consecuencias de ciertas decisiones que tomaste, sin saber muy bien que eran tuyas cuando las formulaste. Empezás a golpearte duro, muy duro, pero todavía no terminas de entender. Las tarjetas de crédito, débito, seguros, y demás cosas empiezan a llevar tu nombre y a abultar tu billetera; y ahí decís, sí, ahora sí, crecí. Sin embargo volves a encontrarte buscando el abrigo de tu casa, evitando meterte por zonas que sabes pueden ser difíciles de atravesar…siempre pensando que más adelante vas a ser capaz, que cuando seas más grande, que cuando tengas el título, que cuando tengas la experiencia.
La pregunta es ¿Te levantas un día y sabes que ya está, que sos grande, que podes hacerte cargo de tu vida, que podes elegir tu próximo paso cuidadosamente haciendote cargo de las consecuencias?. Me parece que está claro que no, que esto no sucede así; considero que podes asimiliar tu propio crecimiento cuando empezas a valorar los pequeños avances.
Por ejemplo, en lo que respecta al ámbito profesional. Siempre me pregunté cuándo llega el día en que después de varios años de trabajo y estudio comenzas a considerar que ya no sos “amateur”, que lo que vos podes aportar es único, que tenes ciertas capacidades que deberían ser aprovechadas, valoradas y por ende remuneradas acorde. Creía que ese día no iba a llegar nunca, pero después de varias charlar de café con compañeros estimulantes de pensamiento, me di cuenta de que ese día puede no estar tan lejos; es más, puede ser mañana. Todo depende de la confianza propia, de que uno se sienta capaz, y de que se largue a hacerlo realidad; sin duda va a haber trabas en el camino y se requiere de mucho esfuerzo y sacrificio (http://rizomatica.wordpress.com/2008/08/18/en-sus-marcas/). Es muy fácil seguir órdenes, andar el camino que ya otros establecieron para uno. Lo gratificante, sin embargo, es cuando, con un paso en falso (porque generalmente es con un paso en falso que las grandes cosas comienzan), te salís de ese sendero y empezas a inventar el propio.
Me parece que de lo que se trata acá es de jugarse; nadie dice que va a ser fácil dejar atrás la comodidad de la eterna postergación… pero es que sino ¿hasta cuándo?.
08.26.08
La rueda de la vida
7:00 de la mañana, suena el despertador…
sigue durmiendo
7:30 de la mañana, suena el despertador…
sigue durmiendo
8:00 de la mañana, suena el despertador…
sigue durmiendo
8:30 de la mañana, suena el despertador…
#%$#!!
rizomática: qué hora es?!?!?! (desde las profunidades del pasillo, esa voz familiar que detesta oir a la mañana: “son las 8:45″)
rizomática: Nooo!!!! me quedé dormida….otra vez, puede ser?!? Puede ser que sea tan irresponsable??? Por qué??? Por qué no puedo cumplir con mis obligaciones?? Por qué no me levanté temprano para ir a correr, justo hoy que dije que empezaba??? Por qué no me di tiempo para hacer un mate y leer el diario como me propuse, para estar más informada y poder escribir posts más interesantes???? Ni tiempo para cocinarme algo rico y fanfarronear en el trabajo acerca de mi nueva inclinación por la cocina. ¿¿Por qué no me di tiempo para bañarme, secarme el pelo, maquillarme y elegir meticulosamente la ropa que me voy a poner???
…a duras penas rizomática se lava los dientes, se pone el jean que había usado la noche anterior, la primer remera que encuentra en el cajón (y que indefectiblemente sale negra), las zapatillas que se pueden poner sin desatar los cordones; saca de la cartera las carpetas que habían quedado del día anterior y mete en su lugar el tupper con las sobras de la última comida; hace un gesto con la mano a esa voz familiar que tanto le molesta en las mañanas, agarra sus llaves y a eso de las 9:00 ya se encuentra caminando a la oficina. Cuando el primer rayo de sol le da en la cara y la obliga a fruncir el entrecejo, rizomática piensa: “esto ya no puede ser, no puedo seguir así todos los días. Mañana empiezo una nueva vida, una vida más organizada, mejor. Mañana me levanto temprano y voy a correr…y tomo un mate… y leo el diario … y …
08.21.08
Pasito a paso
Me despiertan una inusitada bronca esas baldosas tramposas que habitan la ciudad de Buenos Aires; aparentan estar ahí firmes, inamovibles, siempre dispuestas a que tu paso seguro y confiado las pise. Pero no. De repente apoyas tu pie con fuerza y te das cuenta de que todo era un engaño, que abajo de esa aparente firmeza escondían nada más y nada menos que un charco…agua y barro. Y así nomás tu paso seguro y confiado se va a la mierda. Miras a los costados a ver si alguien está siendo testigo de la humillación a la que te sometió una simple baldosa. De a poco retomas el paso, ahora un poco más dubitativo y esquivo, y te vas pensado: “La puta, en esta ciudad ya no se puede confiar en nada”.
08.18.08
En sus marcas…
Como muchos otros me volví fanática de los juegos olímpicos. Dediqué mi fin de semana entero a disfrutar de las destrezas de los deportistas del mundo y una de las cosas que más llamaron mi atención fue la ecuación esfuerzo+sacrificio=recompensa. ¿Hasta qué punto debemos sacrificarnos para lograr algo que queremos? ¿Por qué sucede tan seguido que uno tiene muy claro aquello que quiere lograr y sin embargo le resulta más cómodo quedarse sentado sin hacer nada? ¿Qué tanto pesa el miedo al fracaso? Personalmente me resulta muy difícil llevar a cabo la ecuación antes mencionada, todas estas preguntas circulan por mi mente y muchas veces bloquean mis acciones. Y de repente, veo a estos deportistas, la recompensa parece valerles tanto sacrificio; y me inspiran y pienso que yo también puedo lograr aquello que me propongo … siempre y cuando comience a comprender la importancia de la primer mitad de la ecuación…
He aquí algunos ejemplos:
Yelena Isinbayeva. Récord mundial en salto con garrocha. Lo logró en su tercer intento (yo ya había cambiado de canal pensando que eso “era imposible”).
Shelley-Ann Fraser, Sherone Simpson, Kerron Stewart. Podio de 100 metros mujeres, las 3 son jamaiquinas.
MIchael Phelps. Poco que decir, ya todos lo escuchamos nombrar. Nueva leyenda de la natación. Ganó 8 medallas doradas en estos juegos superando al histórico Spitz (que había logrado 7). TIene 23 años. (como yo…)
Oksana Chusovitina. Medalla de plata en salto de potro (gimnasia artística). Tiene 33 años. Sus compañeras de podio tienen 19 y 20.
Estos son solo algunos, pero hay muchos más material de inspiración.
08.08.08
Me acordé
Ayer fui a la muestra que están exhibiendo en el Palais de Glace y me acordé de muchas cosas:
Me acordé de que me gusta la gente. Me gustan especialmente los detalles de cada sujeto, las cosas que los hacen únicos. Las marcas de sus caras, las arrugas, los gestos, las miradas. Miradas que reflejan vidas, experiencias, historias únicas e irrepetibles.
Me acordé que una vez soñé con ser fotógrafa de retratos.
Me acordé cuanto disfruto caminar por la calle cuando tengo la cabeza despejada de mis propias confusiones.
Me acordé también que me fascina recolectar historias, ya sea hablando con cada persona, habilitando mi lugar de “oreja” a cualquier que quiera usarme, o “haciendo trampa” y disimuladamente escuchar conversaciones ajenas; o ponerme los auriculares en el colectivo y no prender la música para poder esuchar lo que la gente dice.
Me acordé de que sueño con conocer el mundo.
Me acordé que quiero aprender a pintar, que hay mil libros que quiero leer y tengo unas diez mil ideas que quiero escribir.
Todo eso y más queda olvidado en el diario vivir. Sin embargo hay cosas a la vuelta de nuestra casa que son capaces de hacernos acordar. A salir a buscarlas.





