01.19.09
Nuevas Novedades
Me honra presentarles dos nuevas “Líneas de fuga”. Silenciosamente visitadas por mi hoy me parece un buen momento para darlas a conocer y así compartir uno de mis muchos recorridos cotidianos.
Les damos una calurosa bienvenida (clap clap cibernético)
http://bensonita.blogspot.com/
http://islarobinson.blogspot.com/
PD: Me pregunto si estaré por fin permitiéndome compartir algo de mi tan resguardada privacidad. Bien Rizomática, las líneas de fuga son para compartirlas, ese era el quid de toda esta parafernalia…
10.29.08
Ritmos ¿lejanos?
Suenan los tambores…la piel comienza a estremecerse. Con cada golpe tu cuerpo late. Laten tus piernas que no pueden escapar al ritmo y se mueven. Laten tus brazos, se unen al sonido y se elevan. Laten tus entrañas, late tu ser más íntimo. Cuando suenan los tambores, late hasta tu alma.
En la religión Yoruba, allá por las tierras africanas, quienes representan el poder del baile salvaje son los Orixás. Como divinidades son depositarios de los ideales de la gente de los pueblos, como figuras simbolizan la energía, la fuerza, la liberación.
Tuve la oportunidad de trabajar (bailando…siempre bailando) con lo que en nuestra cultura occidental llamamos los arquetipos; aquellos restos de cultura primitiva que quedaron dando vueltas, inscriptos quién sabe bien dónde y por qué, dentro de algunos cuerpos perdidos de este nuevo milenio. Yo sabía que alguna razón tenía que haber para que mi cuerpo se revolucionara tanto cuando escuchaba un golpe de tambor. El otro día tuve la oportunidad de experimentar todas estas sensaciones juntas…y más.
Lo primero que aprendí es que todos cargamos con la energía de cada dios . Hoy voy a hablar de dos en particular, un masculino y un femenino, pares que se buscan, se encuentran, sacan chispas, se separan, se vuelven a encontrar …
Iansá
Simboliza la fuerza de los vientos, de las tempestades. Sensual y seductora como pocas, no utiliza el engaño sino la sinceridad. Se muestra tal cual es, con toda la fuerza que ello implica; se muestra y quien puede mirarla a los ojos que se quede, quien no…mejor que de media vuelta. Representa la escencia de lo femenino, el cuerpo de la mujer madre, amante. Es una guerrera, es LA guerrera, su fuerza permite el cambio, renueva lo que fue devastado, abre caminos donde parece no haber escapatoria.
Xangó
El rey. Posee el poder el trueno y el rayo. Es el inciador, el potente. Todo gira alrededor de él. Cuando ingresa al pueblo, no pasa desapercibido. Es el dueño de los tambores, del ritmo primordial. Es la fuerza masculina por excelencia, aquel que seduce a todas las mujeres. En sus manos lleva el fuego, cuando toca quema, su sola presencia enciende.
Todos reconocemos partes nuestras en cada tipo. La conjunción de ambos es explosiva, y eso somos todos, seres explosivos, llenos de energías diversas, que nos encontramos con otros; y en ese encuentro generamos pasión.
Hoy utilizo la representación de los pueblos de Africa, el nombre que ellos le dan a lo que todos experimentamos diariamente. Estas fuerzas pueden adquirir el nombre que uno quiera según la visión del mundo que cada uno tenga ganas de adoptar. Lo importante es reconocer el valor de la energía propia, del cuerpo salvaje, natural, que disfruta dejándose llevar por infinidad de ritmos diversos. Bailar hasta extasiarse, disfrutar hasta lo impensable…
10.09.08
Y vivieron felices para siempre
Es un poco compartido ese cierto gusto amargo que dejan los finales felices; siempre entre la audiencia va a haber al menos una persona que despotrique contra la falta de realidad, el engaño, la falsa esperanza. Y ni que hablar cuando lo que estamos viendo es una película para chicos, donde el “vivieron felices para siempre” está elevado a su máxima potencia y el mundo es un lugar tan pero tan amable, bondadoso y puro que a veces hasta… a veces hasta queremos estar en él.
Estoy hilbanando la teoría un poco a priori de que cuánto más odiamos los finales felices, más es el verdadero anhelo que tenemos de ellos.
“Pf, estos son cosas para chicos” sale a declarar el adulto, que en posesión de todo su sano juicio, SABE que eso no es verdad, sabe que el mundo no es así, sabe que los prejuicios son tan fuertes que la chica linda nunca se enamoraría de la bestia o el rey jamás miraría a una sirvienta; el personaje malvado casi nunca termina perdiendo y un beso del príncipe azul no soluciona todos los problemas. El amor no dura para siempre, y ni siquiera quiere hacerlo. Lo sabe. Pero ¿y si quisiera no saberlo?
Cada vez que un final es feliz yo salgo al frente con el discurso adulto de “esto no es así”, algo de lo que estoy viendo no me cierra… y sin embargo no puedo evitar que el efecto “vivieron felices para siempre” me dure al menos un par de horas y el mundo me parezca fantástico, creo que todo puede pasar, que todo es posible…creo que el mundo ideal existe y hasta que es posible recorrerlo en una alfombra mágica…
¿Cuál es el precio que hay que pagar por aferrarse aunque sea a una puntita de una historia feliz y desearla, desearla con todas las fuerzas? ¿Es incredulidad?¿O es esperanza?¿Hay que promover el soñar o desestimarlo? Y por favor no me den la respuesta fácil de “por supuesto que hay que incentivar el soñar”, no, quiero buenos argumentos.
¿Es posible creer en cuentos de hadas?
09.21.08
Aquí y allá
Perdón por mi demora.
Es que me fui.
Se soltó el fino hilo que generalmente me ata a la realidad y me fui.
Anduve vagando por los cielos, pero estaban nublados; como no veía nada terminé metiéndome adentro mío…era el único lugar conocido a la redonda, sabía que allí no me iba a perder.
Sorpresa.
No reconocía nada, las cosas habían cambiado su lugar; lo que debía estar allí ya no estaba, lo que debía estar acá no aparecía. Algunos intrusos ocupaban los puestos de viejos conocidos. Parecían amigables pero los miré con recelo. Unos pocos mencionaron sus nombres: Motivación, Deseo, Voluntad, Energía.
-”Estamos aquí para ayudarte, tú nos has convocado”- sonaron al unísono
Contrariada y asombrada yo buscaba a mis antiguos compañeros.
Veía a la desconfianza instalada en su rincón usual. Aquel viejo conservador, la dependencia, descansaba en su sofá; por momentos parecía notarse la incomodidad que le generaban los nuevos inquilinos (¿es que habría alguno que quisiera robarle su cómodo sofá?). Dando vueltas en derredor, despistados y sin advertir la situación, circulaban la ingenuidad y la mansedumbre; nunca nadie les había otorgado demasiado crédito allí y ya se habían acostumbrado (algún día planearían su venganza).
Seguí mirando a un lado y al otro. Lo vi. Sentado en el trono que se alzaba a lo alto, atento a todo lo que pasaba, controlando, ordenando, disponiendo…allí se encontraba el Miedo. Pude notar su seguridad al primer momento en que nuestras miradas se cruzaron; su firmeza se contraponía a mi perplejidad ante la revuelta que estaba teniendo lugar en aquel espacio que siempre suele mantenerse tan idéntico. Aquel que era mi espacio. El Miedo quería tranquilizarme, hace mucho que nos conocíamos y siempre había ejercido su oficio con precisión (pocas veces su trono había sufrido amenazas). Sabía yo que era quien comandaba el sitio y sin discutir lo había reconocido como líder. Súbitamente y al acercarme un poco más, noté algo extraño. Eran manchas de sangre en su costado. Al reconocer mi anoticiamiento su cara se transformó develando dolor y enojo. Su mirada fría apuntaba en una dirección. Me di vuelta y noté que uno de los “nuevos” (era la jerga que ya se había instalado), había dado un paso adelante separándose del resto. En su mano cargaba un arco; se mostraba agitado ante lo que aparentaba haber sido un reciente disparo de una de sus flechas. No lo reconocí al principio. Me acerqué lentamente; de vez en cuando mi mirada se volvía hacia atrás, hacia el trono, donde veía al Miedo agarrarse su costado pero siguiendo con atención cada uno de mis pasos. Comencé a sentirme rara (ansiosa), molesta. Estaba ya muy cerca y podía ver que quien sostenía el arco en su mano era nada menos que el Deseo. Nuestro cruce de miradas duró una nada…literalmente. No obstante fue suficiente para saber que aquel extraño estaba allí para quedarse.
La realidad comenzó a llamarme nuevamente. Ya habían pasado unos días, bastantes…suficientes. Fue el perro quien se ofreció a buscarme y traerme de vuelta. Fue mi perro quien encontró el hilo que se había soltado y tiró fuerte hacia abajo. Lo hizo a su manera. Con movimientos acelerados de cola, toscos saltos y su característico cariño bruto me invitó a correrlo, a perseguirlo, a acariciarlo. Me hizo caer al piso, dar vueltas por el pasto, sentir el frío en mis pies descalzos, la tierra metiéndose entre mis uñas.
He vuelto. El barro todavía pegado a mi piel, el pasto desemprolijando mi pelo (mi sombra parece tener cuatro patas) siento que volví. Todo parece igual. Vacilo. De alguna extraña manera puedo percibir aquello que sucedió en aquel otro lugar, cuando el hilo se cortó.
En algún lado lo siento…aquel arquero intruso me guiña un ojo.
08.02.08
Reencuentro
Algo que escribí hace mucho, y que por algo encontré hoy:
“Le gustaban las ideas. Vivía en un mundo formado por ellas. Las puertas, los muros, los animales, los sonidos, las calles, todo eran ideas; ideas ligeras, que no poseían un peso concreto y que para el resto del mundo se esfumaban al abrir y cerrar los ojos. Pero no para ella, para ella eran todo, no conocía otro mundo que no fuera ese. Se levantaba y las veía con los primeros rayos del sol, se bañaba con ellas, tomaba el desayuno, la acompañaban al caminar, al leer (sobre todo al leer) e incluso lograban meterse por sus oídos hasta llegar a sus sueños. No sabía lo que era vivir sin ellas y por eso las amaba. Y las odiaba en la misma medida.”



