El castillo bajo el agua
A veces nuestro inconsciente suena como una campanada. Pensamos y repensamos cosas con nuestra mente consciente, “despierta”, tanto pensamos que por momentos se nos va de las manos y necesitas cualquier cosa para frenar a esa mente (distracciones como alcohol, drogas, fármacos, muchas horas de televisión, etc). Ella tiene vida propia y lamentablemente aprendimos a considerar que eso que piensa en nuestra cabeza somos nosotros. Pero no, nosotros, nuestra esencia, nuestro Ser, es mucho más complejo…no, mi error, perdón…es mucho más simple, mucho más primitivo, mucho menos complicado.
Nuestro inconsciente sirve para recordanos esto y una gran forma de conocernos es escucharlo, darle crédito, tanto o más del que usualmente le damos a nuestra mente consciente.
El otro día tuve un sueño…y decidí escucharlo. Lo llamé “El castillo bajo el agua”. Fue un sueño de auto-conocimiento, un sueño alarma, una campanada (y sí, últimamente estoy soñanado muchísimo)
Estaba en una playa paradisíaca, una playa que por influencia de personas que inesperadamente se mezclaron en mi vida, incluso sin conocerlas, se volvió un “tengo que ir a este lugar si o si”. Y había llegado. En el sueño había llegado. La playa no estaba desierta, había gente que me era indiferente, yo estaba donde quería estar. Esto hay que destacarlo, estaba donde quería estar, donde tanto había anhelado estar, era esa sensación del sueño cumplido tan difícil de explicar y tan maravillosa. Me encuentro con una persona, un guia (¿yo misma encarnada por otro personaje?), que me dice que me llevará al lugar más increíble de esa playa, a la meca, a la cuna de la belleza, al destino final de mi expedición. Emprendo el recorrido siguiendo al guia, vamos dejando atrás a la gente…el lugar al que nos dirigimos es único, no cualquiera tiene acceso. Llegamos a una bahía y la indescriptible belleza del lugar me asegura que es allí, que ese es el lugar más bello del mundo, más pacífico, el lugar tan preciado. Había llegado. El guia me mira, tranquilo, como diciéndome, aquí es, disfruta. Miro a todos lados, admirando y reconociendo ese lugar tan perfecto. De repente, mis ojos se dirigen hacia el mar, transparente, profundo….y me llevo una sorpresa. En el fondo diviso las ruinas de un castillo. Piedras ennegrecidas por el tiempo, la silueta de algo que alguna vez fue imponente y que ahora eran solo restos y musgo. Me estremezco. Siempre detesté las ruinas bajo el agua, en la realidad me refiero, siempre que veía restos de algo en el agua me daba una impresión terrible y no quería meterme ni cerca de donde se hallaban (con lo que me gusta el agua). No podía entender cómo en ese lugar tan maravilloso se encontrara eso. Me lo arruinaba todo. Ahora no podía meterme al agua, ahora todo dejaba de ser perfecto. Estaba enojada, enfurecida, decpecionada, miraba al guia con odio, preguntándole sin hablar cómo podía haberme llevado ahí con la mentira de que era el lugar más perfecto del mundo, si había un casitllo en ruinas bajo el agua!
Me desperté con un gusto amargo en la boca y la sensación de que ese sueño me estaba diciendo mucho y que más me valía no olvidarlo. Por eso lo escribo y re-escribo tratando de que su sentido se cuele en mi y pueda descubrir su verdad, la razón de haber soñado eso en este momento de mi vida.
Creo que tiene que ver con que frente al “no saber que hacer con mi vida”, que ya se volvió mi status quo, siempre quiero irme corriendo. Me encanta viajar y tengo el problema de creer que “lejos” siempre voy a estar mejor. A pesar de que siempre me va a gustar viajar y de que prometo seguir haciendolo por el resto de mi vida la mayor cantidad de veces que pueda, me cuesta entender que irme no es la única solución y que puedo estar bien “acá”, en el ahora. El sueño me dice eso, me dice que a donde quiera que vaya y por más perfecto que sea, mis ruinas me van a seguir, van a estar ahí y más vale enfrentarlas, darles la bienvenida, sacudirme el miedo y entrar al agua. Porque el lugar más perfecto del mundo, la meca, el sumum de la belleza y la bahía en donde más feliz podré estar no se encuentra en esa playa cerca del paraíso…está en el paraíso mismo, que no es ni más ni menos que mi propio Ser.
“Quien mira hacia afuera…sueña.
Quien mira hacia adentro…despierta”
Despertemos….¿dale?

