01.08.09

Resoluciones cotidianas, o no

Publicado en Conmigo, Cualquierismos, Diario vivir a 12:31 pm por Merita

duda_09A lo largo de la vida uno se ve llevado a tomar importantes decisiones. Cosas trascendentales, que muchas veces cambian drásticamente el rumbo de nuestra ínfima existencia.

Cuesta tomar estas decisiones, por supuesto, son difíciles, intrincadas y tramposas; sin embargo, uno las toma, más rápido o más detenidamente, con mayor racionalización o guiados por el instinto, midiendo las consecuencias o lanzándonos al abismo…sea como sea, somos capaces de decidir cuando de cuestiones  de suma importancia se trata.

Me he topado en mi camino con un tipo de decisión que se me ha figurado como molesta, fastidiosa, pegajosa e insistente. Cuando ya no se trata de la vida o la muerte, el norte o el sur, lo blanco o lo negro quedan esas pequeñas cosas sin importancia que en nuestro andar cotidano irrumpen sin descanso:

¿Qué me compro en el kiosco? (un clásico)

¿Me tomo el subte o el bondi?

¿Qué pido en el restaurante? (en mi elección personal, esta es la peor)

¿Café o mate a la mañana?

¿Cuaderno con o sin anillos?

¿Internet explorer o Firefox?

¿Ducha a la mañana o a la noche?

¿Qué tipo de agenda me compro este año?¿Chica o grande?¿Seria, infantil o moderna?

No tienen sentido, elegir por una o por otra no alterará nuestro destino (o al menos eso creemos), las tenemos que tomar cada dos por tres… así y todo, cuando de nimiedades se trata, me enervo, me taro, pido opiniones, cotejo respuestas (¿qué va a pedir el otro en el restaurante?). Tal vez sea yo, tal vez nunca se desarrolló en mi el área cerebral que se encarga de las pequeñeces, puede ser; de una u otra manera no dejaré de insistir… las decisiones insignificantes…MOLESTAN.

11 comentarios »

  1. Farolera escribió,

    Tal cual. Para mí, la peor decisión a tomar es la del ocio: ¿qué hago para relajarame, para disfrutar, para MÍ? Aia: leo, escucho música, salgo a pasear, pinto un cuadro, no hago nada de nada… qué qué QUÉ. Es terrible la angustia anticipada de desperdiciar el tiempo libre… ay Rizomática, por suerte están las amigas!! para ir a pasear, comprar pavadillas y hacer que la elección sea una carga menos pesada :)

  2. Robinson escribió,

    Tal cual, decidir sobre cosas intrascendentales es un estorbo… pero las que suelen ser trascendentales tienen un carácter de irreversibilidad que te dejan pensando en lo fácil que sería vivir eligiendo del menú del restorán…

    La del café/mate/té/OJ es la peor!

    Saludos

  3. Rizomática escribió,

    Farolera: Totalmente. Las amigas, “significant others”, compañeros eventuales, son todos un factor clave a la hora de elegir por A o por B. En cuanto a cómo “invertir” el tiempo de ocio… me pregunto si no se tratará de una cuestión más bien de tipo transcendental que insignificante. A ver, es verdad que es algo con lo que lidiamos diariamente, pero, elegir hacia donde canalizas tu energía, en donde pones tus esfuerzos y tus capacidades…se juega mucho en esa elección; por eso es importante no tomársela a la ligera, como si de menúes de restaurante se tratara! Cuestionarse acerca del propio tiempo lleva tiempo, pero es imprescindible …way to go Farolera!

    Robinson: Welcome to the jungle! Y sí, cuando nos encontramos frente a una encrucijada de esas que sabés van a cambiar tu vida radicalmente, secretamente añoramos el momento en que todo se reducía a carne o pasta. Sin embargo, lo que a mi me sorprende es esa capacidad del ser humano de tomar decisiones tan dispares y en cada una “jugarse la vida”, por decirlo de alguna manera. Que nos encontremos parados, inmóviles, espectantes, frente a la despensa de la cocina, dilucidando si vamos a tomar mate, café o té y que se nos vayan 20 minutos en esa nebulosa de duda, es algo que, no puedo evitarlo, me intriga… Habrá que ver si es algo generalizable o somos sólo unos pocos extravagantes!

  4. Farolera escribió,

    Mmm puede ser lo que decís; pero para mí el tiempo de ocio sigue siendo una decisión pequeña porque cada una de mis opciones me copa. No es que estoy decidiendo entre cosas que no me copan tanto y otras que sí… o sea: no es “ordeno las cuentas o pinto un cuadro?”. Por lo tanto, ya se trata de una decisión menor, que afectará ese momento. Es como tomar té o café o mate (buenísima, Robinson!!): un gusto singular que teñirá el momento, sin por eso significar que los otros gustos no hayan podido hacer otro tanto. Es sólo qué sabor le ponemos a ese ratito…

  5. Rizomática escribió,

    Justamente Farolera. Eso es lo que me cuestionaba cuando pensaba en estas “resoluciones cotidianas”. No nos estamos enfrentando a la decisión de si hacer algo responsable (como pagar las facturas) o algo acorde a nuestro placer (como pintar un cuadro). Estas decisiones que yo llamo insignificantes son aquellas que nos llevan a elegir por cosas que no nos importan demasiado, como sea tomar mate, café o té (teniendo en cuenta que nos gusta muuucho el mate, el café y el té). Por eso pregunto si esta decisión que vos planteas, qué hacer con el tiempo libre, sería equiparable. Yo creo que hay una fina línea entre aquello que yo llamo trascendental y aquello que parece insignificante. Todo esto lleva un profundo debate filosófico de por medio, porque muchas veces lo más insgnificante es lo más transcendental. Podría irme por muchas ramas en este momento, pero siguiendo el tronco (totalmente anti rizomático igual), finalizo diciendo que me parece mucho más probable que nuestro destino cambie si estamos eligiendo entre pintar un cuadro o leer un libro con la posibilidad de darnos cuenta de que somos excelentes pintoras y que terminemos dedicándonos a eso, que si en su defecto tenemos que elegir si tomar mate o café (al menos, claro, que la tapita de café venga con una promoción en la cual destapando te podes ganas un viaje al congo y bueno, ahí quien sabe…). Se entiende?

  6. Farolera escribió,

    Todo tiene que ver, me parece, con dónde se sitúe la trascendencia. Si para vos algo trascendente significa “algo que te guste muuuuucho” entonces sí, es una decisión entre opciones trascendentes. Pero para mí, elegir una entre varias opciones igualmente trascendentes no es en sí una decisión trascendente. Sí sería una decisión trascendente el otro ejemplo -ordeno las cuentas o pinto un cuadro- por tratarse de dos actividades cuya naturaleza son, para mí, absolutamente diferentes en cuanto al impacto que tienen sobre mí. ¿Se entiende?

  7. Rizomática escribió,

    Se entiende. Es por ese carácter de trascendente que adquiere el hecho de decidir si pagar las cuentas o pintar un cuadro que creo que no puede incluirse dentro de lo que llamo resoluciones insignificantes. Esa angustia que decías del tiempo perdido no es equiparable a lo que uno siente cuando no sabe qué elegir del menú del restaurante. Uno angustia, el otro molesta. Lo que a mi me llamaba la atención es que si somos capaces de enfrentarnos a la angustia exitencial cuando tenemos que tomar decisiones radicales deberíamos ser inmunes a cualquier tipo de sensación cuando de decisiones insignificantes se trata. Claramente no es así.

  8. Farolera escribió,

    ¿Quién dijo que las decisiones insignificantes (aún cuando en la realidad consensual se nos dificulte definirlas) no generan angustia? Es justamente el punto de mi argumento. Me genera una petite angustia decidir si es mate o té, si es libro o pintura, si es carne o pasta. Una petite pero infinita angustia.

  9. Rizomática escribió,

    Petit angustia es lo que yo llamo molestia. Simplemente no creo que la angustia pueda ser petit. Pero el punto es el mismo, algo nos pasa al tomar estas decisiones. Y se me vino encima la hora del té y con toda esta cháchara ahora sí que de verdad no se que voy a tomar! Malditas posibilidades.

  10. Vicky escribió,

    jajaj, me mató leer los comentarios! Pero me identifico con el de la agenda: que me pegue con la ropa y/o la billetera, me va a acompañar todo el año y no me dió comprarme la brillante plateada que me decía que el año podría ser igual de pituco… no, no, no voy haciendo el camino al andar (dentro de mis posibilidades, el clima, las hormonas y la mar en coche… jejej) Me encantó:-)

  11. Robinson escribió,

    Hey, me colgué con la discusión. My apologies, acabo de llegar de mardel y me estoy poniendo al día con la blogósfera.

    Tengo para decir lo siguiente: si por gustos estamos indiferentes sobre decidir entre diversos cursos de acción, nuestra cabeza se las arreglará para decidir en base a otras dimensiones -cuando me levanto, encaro para la cocina y miro el reloj: si tengo una hora sirvo té, si dispongo ponele de media hora será mate, si tengo diez minutos un cortadito y si nos caemos del cronograma será un proveniente ayuno. O a la tarde, veo qué hay para acompañar (madeleines o don satur?), etcétera.

    Lo trascendental de una decisión me parece que viene por la irreversibilidad de la cosa; ejemplo: si me arrepiento porque se me hizo tarde por haber tomado té blablabla, en última instancia mañana tengo la chance de redimirme, etc. Con otras cosas más obvias eso no pasa (si acepto este trabajo, no puedo agarrar aquel otro, o seguir estudiando; y si me caso…)

    Para colmo, lo de la trascendencia es algo que se ve ex post, así que hay que prefigurarlo. O sea, para saber si ese malbec valía la pena (o no) hay que olerlo, probarlo, pedir otro, etc…

    Y para finalizar, pienso también que en buena medida depende de cuán intensamente vive uno la vida: para mí el té es casi una ceremonia, en cambio para mucha gente es algo que viene en unos saquitos y que te hace acordar a esos días en el kindergarten.

    Hace muy poco me dijeron que la vida es demasiado corta como para darse el lujo de angustiarse (gran lugar común). Bueno, me excedí con el comentario, se ve que tenía ganas de escribir. Buen post, saludos!


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