11.16.08
Ritmos ¿lejanos? II
Esta vez, los tambores habían cambiado. Todo se perfilaba distinto. La energía del conjunto, del afuera y de la exuberancia deberían transmutarse en energía interna; nos dirigíamos a los orígenes, a los sufrimientos, a las muertes y a las vidas, a lo que vendrá…. a lo que somos, a lo que fuimos y a lo que siempre (siempre) seremos.
La energía era la de la tierra…era densa, era dolorosa, era fuerte y encontrarla, no era fácil…Hicimos lo que pudimos, con la singularidad de las propias historias, de los propios elementos, del particular recorrido de cada uno. Encontrarse con la tierra, con la fuente, es un camino de ida…. pero hace falta paciencia para querer salir a su encuentro.
Los Orixás volvieron a bailar, el ritmo de los tambores volvió a hacer latir mi cuerpo, esta vez con otro latido… más profundo, más arcaico. Recordando que cada figura de estos dioses africanos nos habita, que todos somos todos y que esas fuerzas existen dentro nuestro, más a la vista, más resguardadas, más aceptadas, más negadas…hoy nos entregamos a los ancianos y a los enfermos y a los sabios…gran aprendizaje.
Naná Burukú
Nace del barro, de los oscuro, es el comienzo de la forma física, es la madre, la calma. Su fuerza viene de la mezcla de la tierra (lo más profundo) con el agua (la fluidez). Es la vieja que sabe, quien acuna. Su fuerza nos lleva a preguntarnos por quienes somos y de dónde venimos. Simboliza los cuidados de esa madre ancestral que vela por todos. Nos conecta con nuestra propia capacidad de cuidar a los otros.
Saluba Naná
Hijo de lo oculto. El enfermo, se esconde para que no vean su piel carcomida por las heridas. La sombra, lo que nadie quiere ver, el cansancio, el dolor. Cubierto de paja, camina en sufrimiento, sus movimientos son desgarradores, sus manos recorren sus heridas, su espalda está encorvada. Es la muerte…pero es al mismo tiempo la vida. Con sus poderes es capaz de sanarse a sí mismo. Su fuerza le permite curarse y retornar fortalecido. Es la auto regeneración.
Atotô Omulú
Paz. Blancura. Sabiduría. Padre mayor. Es respetado por todos, sus movimientos son tranquilos. Es nuestra armonía. La tranquilidad. Su aparente vejez oculta un guerrero. Es poderoso y venerado.
Epaó Oxalá
Los Orixás africanos tienen mucho que decirnos. Ese mundo que aquí nos parece tan lejano vive adentro nuestro. En cada uno adquiere formas distintas. Pero esa distancia que parece eterna se acorta cuando aunque sea por un segundo nos reconocemos así….salvajes y primitivos.





Farolera escribió,
Noviembre 17, 2008 a 2:17 am
¡Qué duros fueron para mí estos tambores! Fue como remover la tierra de mis macetas…