11.24.08
Esas locas ganas de no trabajar
Nada más clisé que decir que un lunes no tengo ganas de trabajar. Pero es que no hay otra forma de expresarlo NO TENGO GANAS.
Y es horrible. Porque me siento observada, porque miro a mi alrededor y veo a todo el mundo concentrado (pura fachada…es lunes, obviamente no puedo ser la única que se sienta así), porque me agarran las crisis existenciales de ¿qué estoy haciendo con mi vida?¿qué voy a hacer cuándo me reciba y el título me oblige a asumir todas las responsabilidades que hoy en día descarto con la excusa de que soy joven y tengo toda la vida por delante para preocuparme?
Mi trabajo es bastante “free” e informal. Cada uno maneja su tiempo, sus tareas, no necesita reportarse tan seguido. Está bueno. Esta buenísimo… a menos que sea lunes. Son estos días en que me gustaría tener una lista de “cosas que tenés que hacer” para no andar vagando por el cyber espacio, haciendo click sin saber en donde, abriendo 19 solapas que no sirven para nada, leyendo frivolidades sobre la moda, el clima y el espectáculo. La frutilla del postre es esta, ya llegué a tal punto que, qué más da dar el último paso… y me pongo a escribir mi blog… en lugar de trabajar. ¿Se dan cuenta? (perdón, me desconcentré, mi jefa me dijo cosas como, presentación, deadline, etc).
Decía. No sé cómo manejar estas no ganas de trabajar. No me alcanza con la foto de Brasil en el salvapantallas, la música al mango, los pies descalzos, el mate en mano … no quiero estar acá ahora. Nada más simple. No quiero.
11.22.08
De brujas y demás
Pequeña bruja.
Se despierta a la mañana y se siente diferente
Un paso por la calle, por la vida, y siente escalofríos.
Nadie la mira
-Una brujita puede hacerse invisible-
recuerda que le dijo hace tiempo la anciana que sabe.
-Pero ten cuidado con tus poderes, puedes perder el control sobre ellos-
Ya los había perdido. Se había vuelto invisible y no sabía cómo dejar de serlo.
Muchas veces le había pasado. Había deseado algo en un momento de rabia y
zas
ahí estaba frente a su cara aquello de lo que no quería saber nada (o sí).
Pasaban los días y se mimetizaba con su ciudad, con la gente
por momentos sentía que era una más…pobre pequeña bruja.
Cuando pensaba que el hechizo había terminado, una situación,
un alguien (ese alguien) le hacía saber que no, que ella no estaba allí,
que lo que todos percibían de ella era un vago reflejo que no contenía su
esencia.
Se sentía incomprendida, sola.
Lo que había pasado era que su esencia se había clavado a la tierra,
pero lo había hecho en otra dimensión, no en esta,
una que nadie podía ver (sólo algunos otros que también habían caído bajo el
hechizo).
Y así andaba la brujita, viviendo a destiempo de los demás,
anhelando constantemente que alguien vea lo que ella en verdad era,
anhelando salir de esa invisibilidad a medias que le destruía la cordura.
Lo que la brujita no se daba cuenta es de que la respuesta
vivía dentro suyo.
No se acordaba lo que la anciana le había dicho – Puedes hacer con ello,
lo que quieras-
Creía la brujita que su fuerza no era de este mundo,
pero sí lo era.
Solo hacía falta saber usarla.
Y el tiempo pasa… y la brujita sigue andando sin querer mirarse al espejo
y ver
que esa invisibilidad es una ilusión, suya, que ella en verdad está ahí, y que esa
es su belleza, y es hermosa.
No quiere saber que ese hechizo que la anciana que sabe le otorgó
no es un hechizo, es una bendición.
Que sólo funciona cuando las pequeñas brujitas que por la vida andan
pueden salir del cascarón y darse cuenta de que no hay dos mundos para vivir
Que el mundo es este y que la gente es una, y que no hace falta mucho para
poder vivir en él.
Para algo la brujita es brujita….ya se dará cuenta…tengamos confianza.
11.16.08
Ritmos ¿lejanos? II
Esta vez, los tambores habían cambiado. Todo se perfilaba distinto. La energía del conjunto, del afuera y de la exuberancia deberían transmutarse en energía interna; nos dirigíamos a los orígenes, a los sufrimientos, a las muertes y a las vidas, a lo que vendrá…. a lo que somos, a lo que fuimos y a lo que siempre (siempre) seremos.
La energía era la de la tierra…era densa, era dolorosa, era fuerte y encontrarla, no era fácil…Hicimos lo que pudimos, con la singularidad de las propias historias, de los propios elementos, del particular recorrido de cada uno. Encontrarse con la tierra, con la fuente, es un camino de ida…. pero hace falta paciencia para querer salir a su encuentro.
Los Orixás volvieron a bailar, el ritmo de los tambores volvió a hacer latir mi cuerpo, esta vez con otro latido… más profundo, más arcaico. Recordando que cada figura de estos dioses africanos nos habita, que todos somos todos y que esas fuerzas existen dentro nuestro, más a la vista, más resguardadas, más aceptadas, más negadas…hoy nos entregamos a los ancianos y a los enfermos y a los sabios…gran aprendizaje.
Naná Burukú
Nace del barro, de los oscuro, es el comienzo de la forma física, es la madre, la calma. Su fuerza viene de la mezcla de la tierra (lo más profundo) con el agua (la fluidez). Es la vieja que sabe, quien acuna. Su fuerza nos lleva a preguntarnos por quienes somos y de dónde venimos. Simboliza los cuidados de esa madre ancestral que vela por todos. Nos conecta con nuestra propia capacidad de cuidar a los otros.
Saluba Naná
Hijo de lo oculto. El enfermo, se esconde para que no vean su piel carcomida por las heridas. La sombra, lo que nadie quiere ver, el cansancio, el dolor. Cubierto de paja, camina en sufrimiento, sus movimientos son desgarradores, sus manos recorren sus heridas, su espalda está encorvada. Es la muerte…pero es al mismo tiempo la vida. Con sus poderes es capaz de sanarse a sí mismo. Su fuerza le permite curarse y retornar fortalecido. Es la auto regeneración.
Atotô Omulú
Paz. Blancura. Sabiduría. Padre mayor. Es respetado por todos, sus movimientos son tranquilos. Es nuestra armonía. La tranquilidad. Su aparente vejez oculta un guerrero. Es poderoso y venerado.
Epaó Oxalá
Los Orixás africanos tienen mucho que decirnos. Ese mundo que aquí nos parece tan lejano vive adentro nuestro. En cada uno adquiere formas distintas. Pero esa distancia que parece eterna se acorta cuando aunque sea por un segundo nos reconocemos así….salvajes y primitivos.
11.07.08
Deseo de ser analista
“Los psicoanalistas no se entristecen, elaboran su duelo.
No enferman, somatizan.
No estudian, subliman.
No tienen ocurrencias, tienen insight.
No se equivocan, tienen actos fallidos.
No cambian de idea, resignifican.
No hacen disparates, despliegan su creatividad.
Los psicoanalistas no hablan, verbalizan.
No conversan, puntualizan.
No responden, interpretan.
No dicen estupideces, asocian libremente.
No se desahogan, hacen catarsis.
No hablan por teléfono, se comunican de inconsciente a inconsciente.
No son pesados, tienen una ligera compulsión a la repetición.
Los psicoanalistas no resuelven sus problemas, elaboran sus conflictos.
No se enamoran, hacen transferencia.
No padecen la crisis, están atravesados por el malestar.
Los psicoanalistas no cogen, liberan la libido”
*texto anónimo




