03.12.09
Una parte de mi
Me cuesta mucho volver a escribir; de vez en cuando me pasa; es como un puño helado, arrebatador, que se mete hasta mis entrañas y me roba la capacidad de expresarme. Ya no puedo hablar de la forma en que me gustaría hacerlo, no puedo escribir, no puedo pintar, no puedo jugar a crear…no puedo hacer nada. Me resultaba tan difícil comunicarme con el afuera que me auto castigaba; y dolía, porque el castigo auto impuesto es uno de los más fuertes, rigurosos, violentos y desgarrantes. Tal como un efecto bola de nieve me sentía cada vez peor. La vida y sus deberes me llamaban, me exigían trabajar, estudiar, arrancar el año con toda, sentirme bien, divertirme…y yo quería, de verdad que quería, pero no podía. Y mi cuerpo se encargó de recordármelo: “No chiquita, vos no vas a ningún lado, ¿no ves que no tenés fuerzas?”. El placard, así lo llamo yo (mi alma asoma inquieta por ser develada)…es oscuro, estoy sola, no tengo que mostrar nada, no tengo que ver a nadie; ni siquiera hace falta comunicarse, que las palabras no me salgan, las oraciones no se armen, que el color no aparezca en el lienzo…nada de eso importa en el placard. Estás solo vos. Con vos. Estás a salvo, o al menos eso crees. Porque no estás a salvo….estás pidiendo ayuda a gritos; querés que alguien te rescate de ahí, que abra las puertas de par en par y te saque de nuevo a la luz…pero sabes que nadie va a poder hacer eso porque nadie sabe cómo llegar a ese placard….nunca le enseñaste el camino a nadie, te lo guardaste siempre para vos… y cuando menos te diste cuenta las señas que habías dejado para poder volver se fueron borrando. Estás perdida.
Me cuesta mucho volver a escribir. Todavía las palabras no salen como quiero, todavía se enmarañan en la puerta de mi alma bloqueándose el paso unas a otras. Todavía no puedo pintar, sólo quiero dormir. No tengo un brillo especial en los ojos, una energía contagiosa ni un deseo extremo de arrancar el año “con toda”. No, no los tengo, pero no veo porque haya que tenerlos para poder vivir. Imagino a artistas, a empleados, a amas de casa, a niños, a adolescentes, a hombres y a mujeres que sienten lo mismo, o que alguna vez lo sintieron, o que lo sienten todo el tiempo. No hay nada de malo en ello. Nada de malo en esto. No hay requisitos para poder vivir, así como no los hay para poder escribir un post cualquiera como este. Quién sabe, tal vez alguien que haya perdido su inspiración se tope con ella en estas frases; tal vez alguien con un placard secreto decida que es tiempo de compartirlo. O tal vez no.
No sé si en tropel vendrán a mi las palabras, los sueños (porque también ellos se me habían perdido), las imágenes, las frases, los cantos. No lo creo. Pero me alcanza con saber que lo intento…y que puedo sentir ahora que una respiración profunda le permite al aire el paso y ya no se estanca en mi garganta. Puedo respirar mejor, y con eso hoy, me alcanza.
01.19.09
Nuevas Novedades
Me honra presentarles dos nuevas “Líneas de fuga”. Silenciosamente visitadas por mi hoy me parece un buen momento para darlas a conocer y así compartir uno de mis muchos recorridos cotidianos.
Les damos una calurosa bienvenida (clap clap cibernético)
http://bensonita.blogspot.com/
http://islarobinson.blogspot.com/
PD: Me pregunto si estaré por fin permitiéndome compartir algo de mi tan resguardada privacidad. Bien Rizomática, las líneas de fuga son para compartirlas, ese era el quid de toda esta parafernalia…
01.08.09
Resoluciones cotidianas, o no
A lo largo de la vida uno se ve llevado a tomar importantes decisiones. Cosas trascendentales, que muchas veces cambian drásticamente el rumbo de nuestra ínfima existencia.
Cuesta tomar estas decisiones, por supuesto, son difíciles, intrincadas y tramposas; sin embargo, uno las toma, más rápido o más detenidamente, con mayor racionalización o guiados por el instinto, midiendo las consecuencias o lanzándonos al abismo…sea como sea, somos capaces de decidir cuando de cuestiones de suma importancia se trata.
Me he topado en mi camino con un tipo de decisión que se me ha figurado como molesta, fastidiosa, pegajosa e insistente. Cuando ya no se trata de la vida o la muerte, el norte o el sur, lo blanco o lo negro quedan esas pequeñas cosas sin importancia que en nuestro andar cotidano irrumpen sin descanso:
¿Qué me compro en el kiosco? (un clásico)
¿Me tomo el subte o el bondi?
¿Qué pido en el restaurante? (en mi elección personal, esta es la peor)
¿Café o mate a la mañana?
¿Cuaderno con o sin anillos?
¿Internet explorer o Firefox?
¿Ducha a la mañana o a la noche?
¿Qué tipo de agenda me compro este año?¿Chica o grande?¿Seria, infantil o moderna?
No tienen sentido, elegir por una o por otra no alterará nuestro destino (o al menos eso creemos), las tenemos que tomar cada dos por tres… así y todo, cuando de nimiedades se trata, me enervo, me taro, pido opiniones, cotejo respuestas (¿qué va a pedir el otro en el restaurante?). Tal vez sea yo, tal vez nunca se desarrolló en mi el área cerebral que se encarga de las pequeñeces, puede ser; de una u otra manera no dejaré de insistir… las decisiones insignificantes…MOLESTAN.
12.26.08
Santo remedio
A veces estás medio bajón; te la pasas estudiando, no tenes tiempo de tomar ni un poquito de sol, hace una semana que te dormis a las mil y no tenes ni ganas de taparte las ojeras para ir a laburar . Sabes que falta poco para que termine pero repetirlo en tu cabeza una y otra vez no causa ningún efecto positivo. Le pones onda, haces un balance de todas las cosas buenas que te pasaron en el año pero en el medio se filtran algunas pálidas y con el humor que tenes no te bancas ni siquiera pensar en eso. No podes más, ya no sabes de dónde sacar energías, cómo disimular tu cara, ya no sabes qué hacer con tu vida….
Y qué haces con tu vida? Salís… te vas a bailar. Haces lo que podes y te re producis para el casamiento que tenías el sábado y al que dado el itinerario de tus exámanes habías dudado en asistir. Te pones divina, brindas al prinicipio, al final y en el medio; bailas con media fiesta, cantas a voz pelada “Tu recuerdo” de Cae y te volves cuando los de mantenimiento estan levantando las mesas. Ya entraste en ritmo así que en el medio de la semana te buscas una super fiesta, esas a las que les pones cero expectativas y que siempre terminan siendo las mejores. Nuevamente bailas con todo el mundo, disco, reggeaton, lentos, lo que venga…y cuando al otro día te cuesta levantarte, las piernas no quieren saber nada con estar en posición vertical, miras los golpes que no sabes de donde salieron, los oidos te hacen piiiii… ahí es cuando te das cuenta de que todo lo que te estaba bajoneando no importa, que el mambo que te hiciste por ese pibe no tiene sentido, que los exámenes, el laburo y las mil y una cosas no se comparan con la alegría que te queda después de una buena fiesta.
Santo remedio…¿qué mal no cura una noche de joda?
12.19.08
Hacia un cambio posible
Mientras yo me veo impedida de escribir, los dejo con algo que realmente vale la pena…
Publicado en ADN Cultura – 27/09/2008
Por Gustavo Santiago
En varios textos, Deleuze retoma las consideraciones de Foucault acerca del poder disciplinario y plantea algunas novedades acerca de ellas. Fundamentalmente, lo que sostiene es que Foucault estuvo acertado en el análisis de los centros de encierro como la fábrica, la prisión, la escuela, los hospitales. El problema es que la sociedad actual está dejando de ser aquella analizada por Foucault. Por ello, anuncia:
Todos los centros de encierro atraviesan una crisis generalizada: cárcel, hospital, fábrica, escuela, familia [ ]. Los ministros competentes anuncian constantemente las supuestamente necesarias reformas. Reformar la escuela, reformar la industria, reformar el hospital, el ejército, la cárcel; pero todos saben que, a un plazo más o menos largo, estas instituciones están acabadas. Solamente se pretende gestionar su agonía y mantener a la gente ocupada mientras se instalan esas nuevas fuerzas que ya están llamando a nuestras puertas. Se trata de las sociedades de control, que están sustituyendo a las disciplinarias.
Foucault había centrado su análisis en instituciones que se caracterizaban por ser lugares a los que los sujetos se veían obligados a ingresar e impedidos de salir por cierto tiempo. Instituciones en las que, más allá de los objetivos explícitos -brindar conocimientos, cuidar la salud, proporcionar empleo-, lo que se pretendía era disciplinar a los individuos de modo que pudieran resultar útiles al sistema. A través de dispositivos en los que se atendía a la individuación al mismo tiempo que a la inclusión de esos individuos en ámbitos masivos, se formaban sujetos fuertes pero dóciles y obedientes. Si bien cada una de estas instituciones operaba de un modo semejante, el paso de una a otra implicaba siempre un comienzo desde cero. A Deleuze le gusta repetir el cantito que acompaña usualmente esas situaciones: el niño al que, mientras está en la escuela, se le dice: “ya no estás en tu casa”; el joven al que en su trabajo le dicen: “ya no estás en la escuela”.
Para Deleuze, los tiempos de la sociedad disciplinaria, como hemos visto, están terminando. Pero eso no significa que el panorama sea muy alentador: “Es posible que los más duros encierros lleguen a parecernos parte de un pasado feliz y benévolo frente a las formas de control en medios abiertos que se avecinan”.
A diferencia de lo que sucedía en la sociedad disciplinaria, en las actuales sociedades de control el acento no se coloca en impedir la salida de los individuos de las instituciones. Al contrario, se fomenta la formación on-line , el trabajo en casa. Sin horarios, sin nadie que esté vigilando. De lo que se trata ahora no es de impedir la salida, sino de obstaculizar la entrada. No es sencillo acceder a puestos de privilegio, a posgrados de nivel internacional o a medicinas que contemplen la atención domiciliaria. Para poder hacerlo, hay que superar diversos obstáculos, entre los cuales el principal es el económico: “El hombre ya no está encerrado, sino endeudado”. No sólo resulta difícil ingresar; también es muy difícil permanecer. Pero los privilegios de “pertenecer” hacen que se extremen los esfuerzos por cruzar la barrera.
Cuando el niño salía de la escuela, sentía el alivio de abandonar el encierro. Es verdad que ingresaba a la casa, pero las leyes de la casa dejaban atrás las de la escuela. Cuando el obrero regresaba de la fábrica, podía tomarse un respiro; el tiempo del trabajo había terminado, al menos hasta el día siguiente.
En la actualidad, la supuesta libertad del tiempo abierto resulta un elemento de control mucho más fuerte que el encierro. Ya no se necesita tener a un empleado confinado bajo llave ni vigilado para que trabaje. Se le da la posibilidad de que haga su tarea en su casa, sin horarios, en su tiempo libre. Pero ese empleado sabe que si él no hace su trabajo en tiempo récord otro lo hará por él, quitándole su lugar; que si no tiene su celular encendido permanentemente, poniendo todo su tiempo a disposición de la empresa (la expresión full time pasó ahora a ser entendida literalmente), su jefe de equipo llamará a otro empleado “más comprometido con el trabajo”. De modo semejante, quien se capacita on-line no lo hace en su “tiempo libre” sino quitándose horas de sueño, porque sabe que si no “se actualiza” permanentemente dejará de pertenecer a un grupo “de privilegio”. “Estamos entrando en sociedades de control que ya no funcionan mediante el encierro, sino mediante un control continuo y una comunicación instantánea.”
Todo es flexible, todo es líquido, todo se resuelve con el “track track” de la tarjeta de crédito. Pero cada vez que usamos la tarjeta, cada vez que enviamos un e-mail o que miramos una página de Internet, vamos dejando rastros, huellas. Vamos diciendo qué consumimos, con qué nos entretenemos, qué opinión política cultivamos. Y cuanto más dentro del grupo de pertenencia está un individuo, más se multiplican sus rastros. Todo eso forma parte de un enorme archivo virtual que permite, entre otras cosas, “orientar” nuestro consumo.
No se nos confina en ningún lugar, pero somos permanentemente “ubicables”. No se nos interna en un hospital pero se nos somete a medicinas “preventivas” y “consejos de salud” que están presentes en cada instante de nuestra vida cotidiana, que nos hacen decidir qué tomar, qué comer, cómo conducir un automóvil. No hacemos el servicio militar ni -si tenemos la fortuna suficiente- somos convocados a participar en el ejército. Pero vivimos “militarizados” por el miedo que los medios de comunicación nos infunden de que las “bandas urbanas” nos asesinen por un par de zapatillas.
¿Hay alternativas posibles ante una situación como ésta?
Ciertamente, las hay. Y varias, íntimamente relacionadas. En una entrevista realizada por Toni Negri, Deleuze sostiene:
En Mil mesetas se sugerían muchas orientaciones, pero las principales serían estas tres: en primer lugar, pensamos que una sociedad no se define tanto por sus contradicciones como por sus líneas de fuga, se fuga por todas partes y es muy interesante intentar seguir las líneas de fuga que se dibujan en tal o cual momento. [ ] Y hay otra indicación en Mil mesetas : no ya considerar las líneas de fuga en lugar de las contradicciones, sino las minorías en lugar de las clases. Finalmente, una tercera orientación consistiría en dar un estatuto a las “máquinas de guerra”, un estatuto que no se definiría por la guerra sino por una cierta manera de ocupar, de llenar el espaciotiempo o de inventar nuevos espaciotiempos: los movimientos revolucionarios [ ] y también los movimientos artísticos, son máquinas de guerra.
El sistema, por más que se esfuerce por tener todo bajo control, no lo consigue. Siempre hay orificios por los que se produce un escape, una fuga. Siempre hay flujos que ponen en peligro la estabilidad. Por ello, para Deleuze, el camino no es la confrontación entre clases, sino detectar y reforzar esas líneas de fuga que puedan conducir, a través de las máquinas de guerra, a nuevos espaciotiempos.
Ante un sistema que pretende bloquear el deseo, circunscribirlo a las líneas segmentarias, que pretende que cada individuo aparezca “modulado” por una misma frecuencia, lo que hay que hacer es ver qué líneas de fuga se presentan o cuáles se pueden construir, por dónde puede abrirse paso lo inesperado, el acontecimiento, el “devenir revolucionario” que produzca una transformación.
¿Significa esto aspirar a una toma de poder? No, porque eso sería intentar ser mayoría. La salida está en los devenires minoritarios. Deleuze aclara que las categorías de “mayoría” y “minoría” no tienen que ver con una cuestión de cantidad. Una minoría puede ser numéricamente mayor que una mayoría. Lo que las diferencia es que las mayorías responden a un modelo, a un patrón, y establecen jerarquías de pertenencia a partir de ese patrón. Quien más se acerca a él más poder tiene. En un sentido abstracto, el patrón occidental es el varón, adulto, propietario, citadino, de clase alta. Quien aspire al poder deberá intentar aproximarse lo más que pueda a ese patrón. Es el caso, por ejemplo, de muchas mujeres que se dedican a la política y que, en lugar de producir una transformación en la política, terminan asumiendo características tradicionalmente sostenidas por los varones. Es decir, juegan su mismo juego, pretendiendo mostrar que son mejores que ellos. Otro ejemplo podría ser el de los niños que son insertados en el mundo mediático adulto. Las publicidades o los programas que protagonizan muestran “adultos en potencia”, no niños. Muestran futuros hombres exitosos, en plena sintonía con la frecuencia del sistema. Ante esto, Deleuze postula la necesidad de un “devenir-mujer” o de un “devenir-niño” de las mujeres y de los niños, pero también de los varones. Lo que no se puede es “devenir-hombre”, porque “el varón adulto no tiene devenir”. …l es el patrón, su dominio es la historia, no el devenir. Y las minorías se reconocen, justamente, en la fuga de ese poder dominante.
Por esto dice Deleuze que, a pesar de sentirse un pensador de izquierda, no cree en la posibilidad de un gobierno de izquierda. “Gobierno” e “izquierda” son términos contradictorios: “Pienso que no hay gobiernos de izquierdas [ ]. En el mejor de los casos, lo que podemos esperar es un gobierno favorable a determinadas exigencias o reivindicaciones de la izquierda. Pero no existe un gobierno de izquierdas, porque la izquierda no es una cuestión de gobierno”.
No se trata de luchar por una toma del poder, o del gobierno, sino de abrir posibilidades a un ejercicio creador de la potencia, a una puesta en funcionamiento de las máquinas de guerra artísticas, revolucionarias; de ser capaces de crear nuevos espacios, nuevos tiempos no regidos por el mercado, sin modelos ni patrones, abiertos a lo desconocido: “Lo que más falta nos hace es creer en el mundo, así como suscitar acontecimientos, aunque sean mínimos, que escapen al control, hacer nacer nuevos espaciotiempos, aunque su superficie o su volumen sean reducidos [ ]. La capacidad de resistencia o, al contrario, la sumisión a un control, se deciden en el curso de cada tentativa”.
En definitiva, se trata de apostar por la micropolítica: “Toda posición de deseo contra la opresión, por muy local y minúscula que sea, termina por cuestionar el conjunto del sistema capitalista, y contribuye a abrir en él una fuga”.
11.24.08
Esas locas ganas de no trabajar
Nada más clisé que decir que un lunes no tengo ganas de trabajar. Pero es que no hay otra forma de expresarlo NO TENGO GANAS.
Y es horrible. Porque me siento observada, porque miro a mi alrededor y veo a todo el mundo concentrado (pura fachada…es lunes, obviamente no puedo ser la única que se sienta así), porque me agarran las crisis existenciales de ¿qué estoy haciendo con mi vida?¿qué voy a hacer cuándo me reciba y el título me oblige a asumir todas las responsabilidades que hoy en día descarto con la excusa de que soy joven y tengo toda la vida por delante para preocuparme?
Mi trabajo es bastante “free” e informal. Cada uno maneja su tiempo, sus tareas, no necesita reportarse tan seguido. Está bueno. Esta buenísimo… a menos que sea lunes. Son estos días en que me gustaría tener una lista de “cosas que tenés que hacer” para no andar vagando por el cyber espacio, haciendo click sin saber en donde, abriendo 19 solapas que no sirven para nada, leyendo frivolidades sobre la moda, el clima y el espectáculo. La frutilla del postre es esta, ya llegué a tal punto que, qué más da dar el último paso… y me pongo a escribir mi blog… en lugar de trabajar. ¿Se dan cuenta? (perdón, me desconcentré, mi jefa me dijo cosas como, presentación, deadline, etc).
Decía. No sé cómo manejar estas no ganas de trabajar. No me alcanza con la foto de Brasil en el salvapantallas, la música al mango, los pies descalzos, el mate en mano … no quiero estar acá ahora. Nada más simple. No quiero.
11.22.08
De brujas y demás
Pequeña bruja.
Se despierta a la mañana y se siente diferente
Un paso por la calle, por la vida, y siente escalofríos.
Nadie la mira
-Una brujita puede hacerse invisible-
recuerda que le dijo hace tiempo la anciana que sabe.
-Pero ten cuidado con tus poderes, puedes perder el control sobre ellos-
Ya los había perdido. Se había vuelto invisible y no sabía cómo dejar de serlo.
Muchas veces le había pasado. Había deseado algo en un momento de rabia y
zas
ahí estaba frente a su cara aquello de lo que no quería saber nada (o sí).
Pasaban los días y se mimetizaba con su ciudad, con la gente
por momentos sentía que era una más…pobre pequeña bruja.
Cuando pensaba que el hechizo había terminado, una situación,
un alguien (ese alguien) le hacía saber que no, que ella no estaba allí,
que lo que todos percibían de ella era un vago reflejo que no contenía su
esencia.
Se sentía incomprendida, sola.
Lo que había pasado era que su esencia se había clavado a la tierra,
pero lo había hecho en otra dimensión, no en esta,
una que nadie podía ver (sólo algunos otros que también habían caído bajo el
hechizo).
Y así andaba la brujita, viviendo a destiempo de los demás,
anhelando constantemente que alguien vea lo que ella en verdad era,
anhelando salir de esa invisibilidad a medias que le destruía la cordura.
Lo que la brujita no se daba cuenta es de que la respuesta
vivía dentro suyo.
No se acordaba lo que la anciana le había dicho – Puedes hacer con ello,
lo que quieras-
Creía la brujita que su fuerza no era de este mundo,
pero sí lo era.
Solo hacía falta saber usarla.
Y el tiempo pasa… y la brujita sigue andando sin querer mirarse al espejo
y ver
que esa invisibilidad es una ilusión, suya, que ella en verdad está ahí, y que esa
es su belleza, y es hermosa.
No quiere saber que ese hechizo que la anciana que sabe le otorgó
no es un hechizo, es una bendición.
Que sólo funciona cuando las pequeñas brujitas que por la vida andan
pueden salir del cascarón y darse cuenta de que no hay dos mundos para vivir
Que el mundo es este y que la gente es una, y que no hace falta mucho para
poder vivir en él.
Para algo la brujita es brujita….ya se dará cuenta…tengamos confianza.
11.16.08
Ritmos ¿lejanos? II
Esta vez, los tambores habían cambiado. Todo se perfilaba distinto. La energía del conjunto, del afuera y de la exuberancia deberían transmutarse en energía interna; nos dirigíamos a los orígenes, a los sufrimientos, a las muertes y a las vidas, a lo que vendrá…. a lo que somos, a lo que fuimos y a lo que siempre (siempre) seremos.
La energía era la de la tierra…era densa, era dolorosa, era fuerte y encontrarla, no era fácil…Hicimos lo que pudimos, con la singularidad de las propias historias, de los propios elementos, del particular recorrido de cada uno. Encontrarse con la tierra, con la fuente, es un camino de ida…. pero hace falta paciencia para querer salir a su encuentro.
Los Orixás volvieron a bailar, el ritmo de los tambores volvió a hacer latir mi cuerpo, esta vez con otro latido… más profundo, más arcaico. Recordando que cada figura de estos dioses africanos nos habita, que todos somos todos y que esas fuerzas existen dentro nuestro, más a la vista, más resguardadas, más aceptadas, más negadas…hoy nos entregamos a los ancianos y a los enfermos y a los sabios…gran aprendizaje.
Naná Burukú
Nace del barro, de los oscuro, es el comienzo de la forma física, es la madre, la calma. Su fuerza viene de la mezcla de la tierra (lo más profundo) con el agua (la fluidez). Es la vieja que sabe, quien acuna. Su fuerza nos lleva a preguntarnos por quienes somos y de dónde venimos. Simboliza los cuidados de esa madre ancestral que vela por todos. Nos conecta con nuestra propia capacidad de cuidar a los otros.
Saluba Naná
Hijo de lo oculto. El enfermo, se esconde para que no vean su piel carcomida por las heridas. La sombra, lo que nadie quiere ver, el cansancio, el dolor. Cubierto de paja, camina en sufrimiento, sus movimientos son desgarradores, sus manos recorren sus heridas, su espalda está encorvada. Es la muerte…pero es al mismo tiempo la vida. Con sus poderes es capaz de sanarse a sí mismo. Su fuerza le permite curarse y retornar fortalecido. Es la auto regeneración.
Atotô Omulú
Paz. Blancura. Sabiduría. Padre mayor. Es respetado por todos, sus movimientos son tranquilos. Es nuestra armonía. La tranquilidad. Su aparente vejez oculta un guerrero. Es poderoso y venerado.
Epaó Oxalá
Los Orixás africanos tienen mucho que decirnos. Ese mundo que aquí nos parece tan lejano vive adentro nuestro. En cada uno adquiere formas distintas. Pero esa distancia que parece eterna se acorta cuando aunque sea por un segundo nos reconocemos así….salvajes y primitivos.
11.07.08
Deseo de ser analista
“Los psicoanalistas no se entristecen, elaboran su duelo.
No enferman, somatizan.
No estudian, subliman.
No tienen ocurrencias, tienen insight.
No se equivocan, tienen actos fallidos.
No cambian de idea, resignifican.
No hacen disparates, despliegan su creatividad.
Los psicoanalistas no hablan, verbalizan.
No conversan, puntualizan.
No responden, interpretan.
No dicen estupideces, asocian libremente.
No se desahogan, hacen catarsis.
No hablan por teléfono, se comunican de inconsciente a inconsciente.
No son pesados, tienen una ligera compulsión a la repetición.
Los psicoanalistas no resuelven sus problemas, elaboran sus conflictos.
No se enamoran, hacen transferencia.
No padecen la crisis, están atravesados por el malestar.
Los psicoanalistas no cogen, liberan la libido”
*texto anónimo




